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  • Red de Psicólogxs Feministas

ABUSAR ES POLÍTICO; HABLAR, TAMBIÉN

Hemos aprendido a leer el mundo en pares dicotómicos y excluyentes “masculino/femenino”, “heterosexual/homosexual”, y “cisgénero/transgénero”, donde el primer término se ubica jerárquicamente por encima del segundo. Esta relación se hace pasar por natural, invisibilizando las tramas de saber-poder socio-históricas que las sostienen y reproducen en un lugar de hegemonía. En esta cultura cisheteropatriarcal “la mujer” fue adoctrinada para ocupar el lugar de objeto sexualizado para el consumo masculino, los cuidados y la maternidad obligatoria para sostener la lógica doméstica y la reproducción de la mano de obra necesaria para el sostenimiento del sistema capitalista. Conceptualmente, fuimos pensadas como lo “no masculino”, como lo “no humano” sino fallada, castrada, histérica, bruja, inferior...

En relación la violencia sexual, ésta no implica un motor sexual/erótico, sino que se trata de un abuso de poder. La violencia machista es disciplinamiento sobre nuestros cuerpos, y sólo necesita un marco de impunidad y complicidad patriarcal. La cultura de la violación, en la que las víctimas siempre son las sospechosas de haber provocado un ataque sexual, se ve favorecida por los medios masivos de comunicación que naturalizan la cosificación y explotación mercantil de las feminidades. Basta con tomar cualquier nota periodística para ver cómo siempre se culpabiliza a las víctimas, y se victimiza a los agresores.

Todo esto obtura la posibilidad de las víctimas y sobrevivientes de contar su historia ya que caen presas del silencio, la culpa y la vergüenza que el patriarcado construye para ellas. Otros efectos sociales recaen sobre la justicia y la sociedad entera: el mayor poder que el sistema patriarcal posee es el de crear sentidos que permitan la legitimación de las desigualdades sociales. Por lo tanto, estas herramientas logran que se desestimen los testimonios de las víctimas y que ellas mismas también se auto-culpen, ya que los sentidos sociales se interiorizan, generando un ruidoso silencio. Esta condena social está cambiando gracias al movimiento de mujeres y disidencias, quienes exigimos que dejen de “enseñarnos a no ser violadxs”, y que enseñe a los varones a no violar.

Aunque los medios, la sociedad y el poder judicial quieran culpabilizar, estigmatizar y castigar con impunidad, las voces no se callan. Lo privado se vuelve público porque lo personal es político y las relaciones de poder dejan huellas en nuestra carne y en nuestra subjetividad. Cada testimonio es un grito más que sirve de soporte para otras denuncias.

La vergüenza de los fallos judiciales que sólo hablan de complicidad masculina, sumado al morboso escarnio público que sufren las víctimas -son ridiculizadas, tratadas de mentirosas, de resentidas, de “histéricas”, de problemáticas””, de “fáciles” o “busconas”- lleva a las víctimas a sentirse solas frente a una problemática que afecta a una de cada cuatro mujeres en el mundo. Esto fortalece la culpa, el auto-odio, y genera que hasta la propia víctima descrea de lo que le ocurrió y elija un silencio forzado, produciendo un sin fin de diferentes síntomas físicos y psíquicos. Muchas de estas mujeres, gracias a la cuarta ola del feminismo y el arduo trabajo que el movimiento de mujeres y disidencias vienen llevando a cabo, hoy encuentran espacios para poder hablar.

Es por ello que nos parece fundamental como profesionales de la salud mental el abordaje clínico por fuera del discurso del hetero-cis-patriarcado, donde prime la escucha habilitante de la libre circulación de la palabra y del deseo. Cuando una sobreviviente de violencia sexual se acerca a consulta, es necesario que quien escucha esté a la altura de la situación y pueda comprender la complejidad de esta problemática.

     La Red de Psicólogxs Feministas no se calla. No seremos cómplices de esta cultura de sometimiento, abuso y muerte.

Nosotrxs te creemos. Algunes estuvimos ahí y sobrevivimos, y hoy nos ponemos de pie y gritamos juntxs. Porque frente al pacto machista, organización y lucha feminista.

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