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  • Red de Psicólogxs Feministas

La violencia económica dentro del aislamiento social obligatorio

Por Sol Manograsso


Se comunica Fátima desde Jujuy, con la voz entrecortada, cuenta que su ex pareja no le da plata por lxs tres hijxs que tienen en común. Desde el inicio del aislamiento social obligatorio no puede salir a trabajar por lo cual no cuenta con un ingreso económico. No cobra la asignación universal por hijx porque la misma está a nombre de él. Aunque tiene una prohibición de acercamiento por una denuncia por violencia de género le ofrece llevarle un bolsón de mercadería. Fátima teme que cuando le lleve el bolsón la agreda físicamente como suele hacerlo.

Mariela, de Capital Federal, solicita asesoramiento legal ya que el padre de sus hijxs a partir de la cuarentena no le pasa la cuota alimentaria aludiendo que como lxs niñxs no salen no necesitan dinero. Le dice que sólo le podría pasar dinero a cambio de “favores sexuales”. La mujer menciona que en todos los años que estuvieron en pareja éste no le permitió trabajar y la violentó de diferentes maneras.

Desde Neuquén, se contacta Juana, pregunta cómo continuar las mediaciones por la cuota alimentaria si su ex pareja no se presenta. Cuenta que las instituciones legales que intervienen no están trabajando por la cuarentena. Agrega que, a pesar de haberse comprometido a abonar la cuota del colegio, tiene una deuda por la cual la escuela no les brinda las clases virtuales. Tiene temor de que lxs niñxs pierdan el año escolar. Estos relatos[1] se volvieron frecuentes en la línea 144. Mujeres angustiadas se comunican solicitando ayuda y asesoramiento con respecto a un nuevo panorama de violencia. Están encerradas en sus casas y prisioneras de la violencia económica de sus ex parejas. El femicidio es la punta del iceberg de la violencia de género, es la muestra más cruda del maltrato que viven la mayoría de las mujeres por el simple hecho de serlo. Pero existen diferentes tipos de violencia que quizás se presentan más sutiles pero no por ello con menos consecuencias psíquicas, sociales y económicas para quienes las padecen. Una de estas es la violencia económica. La misma se presenta en cualquier parte del país y en diferentes clases sociales pero en todas sus manifestaciones tiene el mismo objetivo: amedrentar a las mujeres mediante la negación de medios económicos para satisfacer sus necesidades.

La falta de pago, la disminución arbitraria y retraso de la cuota alimentaria son las más comunes de las presentaciones de la violencia económica cuando están separadxs. Y aunque sea frecuente la mayoría de las veces están sumamente invisibilizadas. En los inicios del divorcio o separación cuando la mujer ha decidido terminar con la situación de violencia que atraviesa se vislumbra un agravamiento de la violencia económica.

Dentro de la relación, es frecuente que no les permitan trabajar, que controlen sus ingresos o les nieguen la administración incluso de sus propios sueldos. Son modalidades de violencia que en escasas ocasiones las mujeres las ubican como tales. Una vez que toman la decisión de separarse, seguramente como consecuencia de otros tantos hechos de violencia, se inicia el periodo donde los hombres exploran otros mecanismos de hostigamiento como lo es la intimidación a partir de la cuota alimentaria. La Ley Nacional 26.485 de Protección Integral a las Mujeres define a la violencia económica/patrimonial como un menoscabo en los recursos económicos o patrimoniales de la mujer mediante “la limitación de los recursos económicos destinados a satisfacer sus necesidades o privación de los medios indispensables para vivir una vida digna”.

Es una forma de control y de manipulación que se presenta a través de la restricción para realizar gastos necesarios para cubrir necesidades básicas. Por lo tanto apunta a coartar la autonomía y la libertad de las mujeres. Como otros tipos de violencia, la violencia económica es un intento de los varones de degradar a las mujeres a su dominio para así asegurar su identidad genérica.

El aislamiento social preventivo y obligatorio, si bien es una medida eficaz a nivel sanitario, posee diversos perjuicios en determinados sectores de la sociedad. Como suele suceder frente a cualquier crisis los sectores más vulnerables quedan en desventaja y con mayor exposición a los efectos adversos de las medidas que se tomen. Diariamente vemos en las noticias como el aislamiento encerró a las mujeres con sus agresores pero en este apartado queremos profundizar en cómo, también, las expuso a sus ex parejas. Las mujeres que tienen hijos en común con varones que las han violentado se confrontan con la dificultad de "vincularse" con ellos en pos de la crianza de sus hijxs. Así quienes siempre las han maltratado continúan su hostigamiento utilizando a lxs niñxs como herramientas.

La situación actual de emergencia sanitaria fragiliza cualquier subjetividad debido a que todxs nos confrontamos con un evento inédito y sin antecedentes en nuestras biografías. Inevitablemente impacta en nuestra cotidianidad. Para las mujeres que atraviesan situaciones de violencia doméstica este acontecimiento se presenta aún más complejo. Debido a que los varones que ejercen violencia utilizan toda su creatividad para aggionarse a los diferentes contextos sociohistóricos y buscar nuevas maneras de continuar amedrentando a quienes son o fueron sus parejas. Así suceden escenas parecidas a los relatos del comienzo de esta nota. Las chantajean, manipulan y extorsionan con la cuota alimentaria. Niegan o condicionan el acceso a este dinero que en definitiva es derecho de lxs hijxs que tienen en común. De este modo, mujeres que no pueden salir a trabajar por el aislamiento, que no cobran la asignación universal porque la misma está a nombre del agresor y con una disminución en su pleno bienestar como consecuencia de la violencia que han vivido por años se encuentran frente a una encrucijada: ceder ante el chantaje del agresor o pasar hambre ella y sus hijxs. Dos posibilidades que al mismo tiempo no lo son. Encerrona trágica producida por un entramado de vulnerabilidades que podrían no existir pero que la falta de políticas públicas eficaces y la ausencia de medidas judiciales permiten.

A nivel judicial, sucede que, aunque a partir de una denuncia por violencia de género existe una medida de protección que permite fijar una cuota alimentaria provisoria, esta medida casi nunca se otorga. Y en los casos que se brinda los agresores no la cumplen. Por otro lado, cuando inician mediaciones para establecer una cuota alimentaria dentro de un marco judicial sus exparejas no se presentan a las audiencias lo que impide y demora el acuerdo. Éstos son procedimientos que pueden durar mucho tiempo. Tiempo en el cual lxs niñxs siguen teniendo gastos y la violencia económica continúa presentándose sistemáticamente. En este contexto de confinamiento, las instituciones judiciales se encuentran de feria y funcionan con personal reducido por lo cual sólo intervienen en situaciones de emergencia. Por supuesto que la cuota alimentaria no forma parte de las emergencias.

Por otra parte, muchas mujeres manifiestan que no pueden cobrar la asignación universal por hijx o el ingreso familiar de emergencia debido a que los cobran sus ex parejas porque tienen la titularidad del seguro social o porque poseen un empleo registrado.

Todos estos elementos posicionan a las mujeres en un contexto mucho más nocivo dentro del escenario complejo que inevitablemente produce la emergencia sanitaria. Entonces nos preguntamos, dentro de este contexto de pandemia mundial ¿cómo salir de una situación de violencia de género? ¿cómo empoderarse dentro de un sistema económico que estructura desigualdades y que no fomenta medidas judiciales, ni políticas públicas eficientes que independicen económicamente a las mujeres? Es menester materializar herramientas políticas, judiciales y sociales que efectivamente acompañen a las mujeres que viven hechos de violencia de género en el ámbito doméstico. [1] Los nombres son ficticios para preservar la identidad de las mujeres


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