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  • Red de Psicólogxs Feministas

Lenguaje inclusivo “Lo trans en el lenguaje”

Por María Lujan Costa[1]

“Lo que no se nombra

no existe

y lo que se nombra

construye realidades.”[2]

Introducción

En el presente recorrido nos proponemos elucidar críticamente el uso del lenguaje inclusivo, también conocido como lenguaje “no sexista”. Preferimos llamarlo lenguaje inclusivo en primer instancia para no definir desde la negación y en segunda instancia por ser el modo en que se lo denomina en Latinoamérica. Dando así curso a construcciones locales sin desatender temas de actualidad a nivel mundial.

El uso del lenguaje inclusivo es un tema vigente y hasta lo podemos considerar novedoso (a lo largo del recorrido pondremos en duda esto último), el mismo genera debates y discusiones no solo desde la lingüística, sino también desde otros ámbitos. Por cuanto nos proponemos analizar su uso no solo como una cuestión gramatical sino como un instituyente del que subyacen violencias, cuestiones políticas y éticas.

Comenzaremos por definir que es el lenguaje inclusivo e historizarlo para luego analizar este debate, observaremos como el lenguaje transiciona su identidad. Para esto nos serviremos de conceptos los cuales serán los soportes narrativos que darán andamiaje al recorrido. Por último articularemos su uso con la dimensión del semejante que Débora Tajer (2019) retoma de Silvia Bleichmar.

Por el trabajo que realiza la Cátedra Introducción a los Estudios de género (Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires), hace más de 30 años, compuesta por profesionales de la salud que trabajan desde la perspectiva de género, hemos incorporado la utilización de lenguaje inclusivo como modo de visibilización de la diversidad de existenciarios. La incorporación fue creciendo de manera paulatina pero ininterrumpida. Lo incorporamos alojando las demandas sociales, de les alumnes y las tutorías de tesis donde les autores requerían realizar la escritura en lenguaje inclusivo; también desde nuestras propias interpelaciones y deconstrucciones; dado que nuestra Cátedra se mantiene en crecimiento y actualización permanente, con la incorporación en género y diversidad en el ámbito académico sin desoír la realidad social, lo cual nos lleva a transicionar nuestras propias prácticas profesionales.

Esta demanda viene en principio de la sociedad, de los movimientos feministas y las disidencias genéricas, sexuales, amatorias, culturales y etarias. Movimientos que se gestan en las calles y que como profesionales de la salud y docentes, consideramos fundamental escuchar y alojar como parte de nuestro posicionamiento ético.


DEFINICIÓN

Saussure (1984) encuentra en el habla la posibilidad del cambio ya que es a partir de una práctica exclusiva de algunos individuos que un signo entra en uso. Primero surge en los sujetos y luego se irá convirtiendo en un hecho de la lengua adoptado por la comunidad (Iglesias Bavosi, 2019).

La definición del lenguaje inclusivo nos dice que es un modo de expresarse que evita las distinciones de género o sexo incluyendo a personas trans, personas intersexuales, cis y de género no binario. Lo central de la propuesta del lenguaje inclusivo es comunicarse sin distinciones de género y visibilizar a las existencias que quedan por fuera del genérico masculino (Iglesias Bavosi, 2019).

No se utiliza en nombres propios ni objetos, se usa en sustantivos, adjetivos y pronombres. Así mismo las palabras que ya están terminadas en “e” no se modifican, lo que sí cambiará es el artículo.

La utilización del lenguaje inclusivo no solo abarca, si no que incluye y visibiliza, nos distingue pero a la vez nos deja en igualdad de condiciones para acceder a derechos.

El nombrar desde la inclusión y la diversidad permite comprender que la diversidad somos todes, no solo los existenciarios de las disidencias sexo – genéricas (Luna, 2018).


HISTORIA

Pero, vayamos más atrás, ¿cómo surge el lenguaje inclusivo?

Podemos partir de los años 70´, encontramos en esos años el aporte del feminismo a la lengua castellana, planteado que esta se presenta como neutral pero hace referencia desde el masculino y niega los demás existenciarios. La crítica al lenguaje llevaba consigo un reclamo moral, jurídico y hasta biológico, que visibilizaba la jerarquización desde las lenguas que dejaba a los varones en condiciones de privilegio. En los mismos años en argentina, Delia Suardíaz, analiza la ausencia de las mujeres en diversos usos sexistas de la lengua castellana proponiendo un cambio lingüístico.

A partir de los años 80´y 90´ con la llegada de las teorías queer y trans se acentúa una fuerte crítica a los esencialismos. Plantean que tanto el uso del genérico masculino como el binario A/O o el @ son finitos y reduccionistas y que a su vez es la lengua muchas veces la que interfiere en las certezas con que nos manejamos. Estos planteos cuestionan la CIS Heteronorma, los debates trascienden el orden de la lingüística.

Con la llegada de la X y la E se insisten en la “indecibilidad del género” y en la imposibilidad de la reducción a solo dos categorías. Lo cual es una apuesta política que tiene como base los principios de Yogyakarta, los cuales fueron publicados en el año 2006 y consisten en principios que guían la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos con relación a la orientación sexual y la identidad de género (la Ley de Identidad de Género Argentina se basa en estos principios). En el primer párrafo de la introducción dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Todos los derechos humanos son universales, complementarios, indivisibles e interdependientes. La orientación sexual y la identidad de género son esenciales para la dignidad y humanidad de cada persona y no deben ser motivo de discriminación o abuso.” agregaríamos, no deben ser motivo de invisibilización.

En Argentina en el año 2015 la cámara de diputados redacta la Guía para el uso de un lenguaje no sexista e igualitario basándose en las guías de universidades españolas, para ser utilizado en la Honorable Cámara de Diputados (Iglesias Bavosi, 2019). El argumento respecto a esta guía tiene varias aristas, por un lado el lenguaje no es estático, puede transformarse y de hecho lo hace, plantean que el lenguaje no sexista tendría que ser la norma.

En la actualidad la “e” es el modo más elegido para implementar el lenguaje inclusivo, dado que abarca a la diversidad de existenciarios, es viable realizar una lectura con sonoridad posible, los programas informáticos y aplicaciones que leen por ejemplo para personas ciegas aceptan la “e” como modo de lectura, mientras que esto no es posible con la “x”. Además, la “e” permite no anclarse en ninguna identidad sexo-genérica como lo universal, desarma las hegemonías.


¿Por qué es tan reciente el reclamo?

En realidad estos modos en el lenguaje existen hace mucho tiempo. Por ejemplo en la cultura indígena zapoteca en México, existe la comunidad muxe (una persona que mas allá de su origen masculino que deviene mujer). Amaranta Gómez Regalado (antropóloga muxe) nos cuenta que ancestralmente hay una práctica y hay cuerpos y expresiones, que existían derivación para quienes son biológicamente varones pero eligen y construyen una identidad de género femenina. El idioma zapoteco tiene palabras específicas para romper con el binarismo, para nombrar, el artículo “ti” que no define a la persona pero lo acompaña gramaticalmente, artículo que permite ser y no condiciona un género. En la cultura zapoteca hay un elemento que traducido al español es “el don”, consideran que la persona muxe tiene un don, no se crea, que surge entre los vientres, sube al corazón, pasa por la garganta y cuando surge la palabra se construye lo muxe y ahí está el don, hay que pasar por este proceso vivencial (Gómez Regalado, 2006).

Nos centraremos en el surgimiento de la palabra para retomar el tema del lenguaje inclusivo. Este se incorpora a modo de instituyente con la cuarta ola del feminismo, la cual tiene sus bases en Latinoamérica. Como dijo Butler (2019) en su última visita a Argentina “El mundo está mirando Latinoamérica”, a sus movimientos del feminismo popular, al colectivo “ni una menos”, el Aby yala de las mujeres de comunidades originarias. Estos movimientos vienen a reclamar una mirada interseccional y crítica hacia todas las hegemonías, como un avance deconstructivo puertas adentro de los mismos movimientos feministas, en la construcción o transformación de los vocablos, del modo de nombrar, desarmando el genérico masculino y buscando una construcción horizontal e inclusiva con capacidad de transformación, de mutación, de transicionar. El lenguaje muta, transiciona y esto no tiene por qué ser patológico.

En la actualidad distintas universidades nacionales adhieren a la implementación de lenguaje inclusivo como así también la Facultad de Sociales de la Universidad de Buenos Aires.


DEBATE

¿Porque hay consenso con la inclusión cuando pensamos en diversidad física y no lo hay cuando pensamos en diversidad sexo/genérica?

Ante las demandas sociales y argumentaciones de diversos movimientos para la implementación y utilización del lenguaje inclusivo, la Real Academia Española plantea un argumento contrario a dicha implementación.

Este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos. La mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos.

El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto.

Este tipo de argumentaciones nos devuelven a las dimensiones ética, política y epistémica de la diferencia.

Cuando la real academia española desoye los reclamos y argumentaciones y plantea como argumento dificultades del tipo “economía del lenguaje” y “que el uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino” dando por tierra los reclamos de inclusión, estamos ante argumentación de las que Ana María Fernández (1993) plantea como la episteme de lo mismo. Las construcciones de sentido constituidas en cierto momento histórico y por cierto sector poblacional (que suele ser el que más poder tiene que a su vez suelen ser las construcciones masculinas hegemónicas) no necesariamente tiene que funcionar para el total de la población. En resumen, se construyen verdades con el argumento de que son universales pero en realidad, se construyen por y para un cierto sector únicamente. Cuando otra parte de la población plantea no sentirse parte, sentir exclusión, las estrategias para no dar cauce a ese reclamo pueden ser, la invisibilización, la patologización y/o la demonización.

La Real Academia Española publicó un manual en el que juzga “innecesario” el uso de la “e” en vez de la “o” para incluir a hombres y mujeres en los plurales. “No hay que confundir gramática con machismo”, sentenció.

Esta la incapacidad de transformar los modos de comunicación conforme cambian las épocas, podemos pensarla también para la deconstrucción de las teorías, las argumentaciones científicas.

Consideramos esta operatoria, la de resistencia al uso de lenguaje inclusivo, como un modo en que se concretan las violencias simbólica e invisible retomando el concepto que Bourdieu (2002) utilizó para referirse a la violencia que se ejerce de manera indirecta y no física y de la cual quien la recibe no es consciente por lo que puede transformarse en cómplice.

Invisibilizar las demandas sociales y justificar con argumentación que sigue incluyendo únicamente a este sector hegemónico no es más que una falacia. El resto, lo no nombrado, está forcluído[3].

Gaba (2018) plantea “El lenguaje le da forma a la manera en que pensamos el mundo. El debate por el lenguaje inclusivo no es un asunto lingüístico, es un asunto político. Y las tremendas resistencias que genera no se deben al apego de los grupos hegemónicos a las buenas formas de la lengua, se debe al apego que tienen al poder. Ojalá la indignación frente a las deformaciones del lenguaje fuese la misma que frente a la discriminación y exclusión.”

¿Que está planteando Gaba? que las resistencias al lenguaje inclusivo son políticas, que se relacionan a mecanismos de poder. Planteamos desde una dimensión política el uso de lenguaje inclusivo en tanto el nombrar otorga poder, lo redistribuye entre las construcciones identitarias posibles, la “e” visibiliza e incluye, nombra.

Les invitamos a pensar a la inversa el planteo hegemónico, les invitamos a pensar al lenguaje con genérico masculino como un conflicto a resolver y al lenguaje inclusivo como una propuesta para solucionar esta inequidad.

Sabemos lo importante que es poder nombrar y ser nombrades, el nombrar aloja, da existencia. Retomamos aquí la noción de semejante que Débora Tajer (2019) retoma de Silvia Bleichmar para pensar en la ética que conlleva el lenguaje inclusivo. Ante la pregunta de ¿quién es el semejante para uno? La respuesta va a incluir o excluir y plantear las reglas del juego, ¿qué puedo hacer con el semejante y con el que no considero semejante?

Según cuan ampliada o acotada sea nuestra consideración respecto a quienes son nuestros semejante, va a haber un impacto en el modo en que vemos el mundo, en la ampliación de derechos ¿a quienes creo “merecedores” de mis mismos derechos? ¿A quienes considero con derecho a ser nombrades?

Tajer (2019) plantea la noción de privilegios en articulación con la noción del semejante. Nos preguntamos por el derecho a ser nombrades, a existir desde la palabra. Y aquí volvemos al punto de partida respecto a la importancia de haber llegado en la actualidad al uso de la “e”, dado que abarca la posibilidad de ser leída, oída y de incluir más allá del binarismo y de la cisheteronorma. Desarmar el binarismo y dar lugar a la visibilidad desde la palabra, a la diversidad de existenciarios más allá del binomio varón/mujer.

Ampliar la noción de semejante y que esta no se acote solo a quienes tienen las mismas posibilidades, deseos y cosmovisión que nosotres, permitirá que no hagamos oídos sordos a las demandas que surgen en las calles y buscar el modo de incorporarlas y articularlas con el trabajo académico y nuestras prácticas profesionales, para repensar nuestra practica y elucidarla críticamente. El lenguaje inclusivo como postura política, no solo es una postura, trasciende a esta y arma subjetividad. No es lo mismo nombrar que no hacerlo. No es lo mismo homologar la totalidad de la humanidad a las características de un cierto colectivo que diversificar también desde la palabra.

El lenguaje inclusivo no es el único objetivo, pero si es un comienzo fundamental para dar cauce a una escucha ética y despojada de preconcepciones y prejuicios, da lugar a una escucha neutral. No solo desde la clínica, sino también para pensar en la salud como integral, esta escucha tiene un impacto directo en el modo de pensar diagnósticos, leyes y políticas públicas, porque no es todo lo mismo.

No es lo mismo pensar que la inclusión y equidad son importantes que no hacerlo o solo utilizarlas como un título vacío para ser “políticamente correctes”. La palabra circula y captura el poder invisibilizando ciertos existenciarios. Desde la negatoria subyacen la segregación, la invisibilización, y la expulsión de una parte enorme de existenciarios que componen el mundo y que están demandando ser nombrades, desde las leyes, desde las políticas públicas, desde las ciencias, pero por sobre todo ser nombrades. Dar por tierra nuestros reclamos y nuestros argumentos no es más que una estrategia para explicitar el poder que las hegemonías tienen.

Las vidas que son nombradas, existen y pueden ser pensadas para dirección de la cura sin patologización a priori, para leyes, para políticas públicas, para acceso equitativo a derechos, va de la mano con otras prácticas, el lenguaje debe ser de inclusión.

Les invitamos a usar el lenguaje inclusivo si aun no lo hacen, a escribir con lenguaje inclusivo, a incorporarlo en la cotidianeidad y en la academia.

El lenguaje debe ser de inclusión, de género, de clase, de etnia, etario, de posibilidades físicas, buscamos lograr un lenguaje y una práctica profesional interseccionales e intergenérica, que amplíe derechos y nuestras nociones de semejantes.


Referencias:

Bourdieu, P. y Passeron, J.C. (2002) La reproducción, Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Editorial Popular. Madrid, España.

Butler, J. (2019). Conferencia Cuerpos que todavía importan. Universidad Nacional de Tres de Febrero. Buenos Aires. Argentina.

De Saussure, F. (1984). Curso de Lingüística General. Editorial Losada. Buenos Aires. Argentina.

El Litoral (2018). La real academia española rechaza el lenguaje inclusivo. Recuperado en: https://www.ellitoral.com/index.php/id_um/184742-la-real-academia-espanola-rechaza-el-lenguaje-inclusivo-lo-juzga-de-innecesario-en-un-nuevo-manual-informacion-general.html

Fernández A. M. (1993). La mujer de la ilusión. Argentina, Buenos Aires. Paidós.

Gaba, M. (2018). Lenguaje inclusivo y visibilidad. Cooperativa. Chile. Recuperado en: https://opinion.cooperativa.cl/opinion/cultura/lenguaje-inclusivo-y-visibilidad/2018-09-29/104909.html

Gómez Regalado, A. (2006). Historias “Debidas”. Canal Encuentro. Argentina. Recuperado en: http://encuentro.gob.ar/

Iglesias Bavosi, F. (2019). Tesis de Licenciatura en Psicología, Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina.

Luna A. (2018). Existenciarios Trans en Argentina. Clase Introducción a los Estudios de Género. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina.

Nasio J. D. (1988). Enseñanza de 7 conceptos cruciales del psicoanálisis. Buenos Aires. Argentina. Gedisa

National Geographic en español (2019). La RAE rechaza nuevamente el lenguaje inclusivo. Recuperado en: https://www.ngenespanol.com/el-mundo/la-rae-rechaza-nuevamente-el-lenguaje-inclusivo/

Principios de Yogyakarta (2006) recuperado en: https://identidadydiversidad.adc.org.ar/normativa/principios-de-yogyakarta-2006/

Tajer, D. (2018) Psicoanálisis, memoria y construcción política. Pensando con Silvia Bleichmar la relación entre subjetividad, poder, psicoanálisis y género. Revista Topia. Buenos Aires. Argentina.

[1] Licenciada en psicología (Universidad de Buenos Aires). Docente Cátedra “Introducción a los estudios de género” (Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires). [2] http://www.qfem.es/post/14519/lo-que-no-se-nombra-no-existe-y-lo-que-se-nombra-construye-realidades [3] El término forclusión (…) fue propuesto por Lacan para traducir el vocablo alemán Verwerfung, habitualmente transcrito en las versiones de la obra de Freud por la palabra rechazo. (Nasio, 1988)

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