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  • Red de Psicólogxs Feministas

Primera joya indiscreta: Apologías foucaultianas: apuntes para pensar la identidad LGBTIQ+

La fábula de las “Joyas Indiscretas” goza de una actualidad pavorosa. Cuenta sobre el Sultán Magogul, quien poseía un anillo mágico que podía hacer hablar a los sexos de las mujeres, logrando que toda intimidad fuera confesada y estuviera disponible para cualquier oído.

Siglos después de que esta historia fuera publicada, Michel Foucault la utilizó para ilustrar la tesis principal de su Historia de la Sexualidad: en torno al sexo, Occidente no ha buscado tanto reprimirlo, sino incitarlo, decirlo, pasarlo por el discurso para hacerlo confesar la verdad de lo que somos. La genealogía que nos propone Foucault nos invita a dejar de enojarnos contra la “represión” del sexo, para preguntarnos: ¿porqué es que nos vemos impulsados, permanentemente, a confesar la verdad de lo que somos por medio de nuestras prácticas sexuales? ¿Por qué la orientación sexual hace identidad? ¿Qué contingencias y arbitrariedades llevaron a esto? ¿No podría haber sido de otra manera?

De esto se trató el taller “Las Joyas Indiscretas”, llevado adelante junto a las Red de Psicologxs Feministas a lo largo de mayo y junio del año 2020. A la lectura de los cuatro tomos de Historia de la sexualidad, se le sumó un trabajo de redacción, a veces más literario, a veces más teórico, sobre diversas problemáticas, que publicamos aquí en forma de dossier.

En esta oportunidad, Tomás Rodriguez Pandolfi comparte unas reflexiones en torno a las políticas de la identidad del movimiento LGBTIQ+, y los problemas que surgen si las pensamos a la luz de las tesis propuestas por Foucault en su saga sobre la sexualidad.


Esbozos para una ética homosexual

La sexualidad es algo que creamos nosotros mismos: es nuestra propia creación, mucho más que el descubrimiento de un aspecto secreto de nuestro deseo. Debemos comprender que con nuestros deseos, por medio de ellos, se instauran nuevas formas de relación, nuevas formas de amor y nuevas formas de creación. El sexo no es una fatalidad, es la posibilidad de acceder a una vida creativa.

Michel Foucault[1]

Michel Foucault publicaba en 1976 la “Voluntad de saber”, el primer tomo de su historia de la sexualidad que causaría un notable revuelo dentro y fuera de la academia, particularmente en los activismos de la diversidad sexual. Allí se cuestionó por qué la sexualidad es para el sujeto moderno el aspecto identitario que condiciona la totalidad de su ser, en detrimento de otros aspectos que han perdido relevancia. En consonancia con esta idea, lanzó una curiosa y osada hipótesis: la homosexualidad es una gran ficción producida hacia fines del siglo XIX, es el producto de prácticas discursivas, de formas de hablar y de hacer que la constituyen. Si bien la atracción sexual hacia personas del mismo género ha existido desde tiempos inmemoriales, no fue hasta entonces que al otrora sodomita se le imprimió una naturaleza singular que lo convertiría en homosexual, en un personaje con “un pasado, una historia y una infancia, un carácter, una forma de vida; asimismo una morfología, con una anatomía indiscreta y quizás misteriosa fisiología” (Foucault, 2014, p.45). Un sodomita del siglo XVI, por ejemplo, podría haber sido condenado a muerte por su concupiscencia anal, pero no considerado un raro espécimen sexual cuya sexualidad debía ser señalada, desentrañada y clasificada por dispositivos como la justicia, la medicina o la psiquiatría. Así entendida, la homosexualidad es producto de un dispositivo de sexualidad que pone empeño en establecer una ligazón indisoluble entre nuestra identidad y los modos en que nos relacionamos sexualmente; es el efecto de prácticas históricamente determinadas que se inscriben sobre nuestros cuerpos, y no algo que reside en nuestro interior como una sustancia o verdad esencial que deba ser liberada por medio de una revolución sexual o una terapia psicoanalítica.

Somos sujetos históricos, y es por lo tanto la historia y no la naturaleza nuestra hacedora, aquella que determina qué es lo que se hace de nosotrxs. La filosofía de Michel Foucault viene entonces a sumergirse en las profundidades de la genealogía, para luego emerger y señalar con perspicacia esos mecanismos que nos constituyen aquí y ahora como homosexuales, mostrándonos cómo un modo de vida particular es inscrito sobre nuestros cuerpos y sobre nuestras prácticas. Ahora bien, si la homosexualidad no es más que el producto de un moderno dispositivo de sexualidad que se esmera en anclar nuestra identidad a nuestra sexualidad, ¿por qué hacemos de nuestra orientación sexual nuestro estandarte? ¿Por qué nos reivindicamos desde un deseo que, al tiempo en que nos pertenece, nos es ajeno? ¿Por qué levantamos las banderas de una identidad que fue investida por otrxs?

Michel Foucault devela las inevitables contradicciones del accionar político de la diversidad sexual: debemos reivindicar nuestro deseo, pero no podemos elegir qué deseamos; debemos proclamarnos fuera del clóset, pero no podemos destruirlo; debemos afirmarnos homosexuales para reclamar por nuestros derechos, pero no podemos suprimir a fuerza de voluntad el dispositivo que nos ha colocado de antemano en el sitio de lxs “anormales”. No podemos más que proclamar nuestra existencia “homosexual” en el mundo, al tiempo en que relegitimamos la sexualidad como la faceta identitaria protagonista de la modernidad. Sabemos que se nos tiende una trampa, y al mismo tiempo no podemos evitar caer en ella. No hay forma de eludir estos juegos de poder, no hay emancipación posible.

Nos descubrimos así partícipes de un gran juego en el que ficción y realidad son la misma cosa; un juego que no hemos elegido, con reglas que no hemos consentido y con un personaje que nos fue asignado incluso antes de saber que estábamos jugando. Cabe entonces preguntarnos: ¿para qué luchar si todo está determinado de antemano? ¿Cuál es el sentido si la liberación es inasequible? La teoría foucaultiana se nos mostrará desalentadora hasta en tanto no nos desembaracemos del ideal utópico de “libertad” que tanto han nutrido las prédicas liberales y ciertas propuestas socialistas. No existe posibilidad de liberarnos, pero sí de ejercer la libertad. Es allí en las mismas redes del poder, en las fisuras de ese dispositivo, donde podemos practicarla. No podemos renunciar a este juego, pero podemos elegir cómo jugarlo. No podemos romper sus reglas y pretender impunidad, pero podemos inventar nuevas reglas. No podemos renunciar al personaje abyecto que se nos ha asignado, pero podemos transformarlo.

Las últimas obras y entrevistas de Foucault nos instan a resistir al poder, a desarticular los efectos del dispositivo de sexualidad moderno sobre nuestras existencias. La homosexualidad es algo que se imprime sobre nuestras identidades, pero también es algo que creamos nosotrxs mismxs cuando aceptamos o rechazamos aquello que quieren hacer de nosotrxs. De este modo, homosexual no es quien culmina un proceso de autodescubrimiento e identificación con ciertos rasgos psíquicos, físicos y emocionales, luego del cual puede proclamar “soy gay”, soy “lesbiana” o “soy trans”; homosexual es quien ejerce la libertad de crear su propio modo de vida. En palabras de Foucault: “(...)la homosexualidad no es una forma de deseo sino algo deseable. En consecuencia, tenemos que empeñarnos en llegar a ser homosexuales y no en obstinarnos en reconocer que lo somos.”

Homosexual es quien “homosexualiza la vida” como diría la marika chilena Pedro Lemebel—, quien rechaza los procesos de individualización para devenir singular, quien hace de su sexualidad una herramienta para inventar nuevos modos de vida, quien sabe aprovechar el paisaje que solo es observable desde los márgenes de la “normalidad”, quien deja que todas sus acciones se vean afectadas por un modo de vida homosexual, quien desarrolla susceptibilidad a nuevos placeres, quien crea nuevas formas de afectividad, nuevas formas de vincularse con otrxs. Siempre tenemos la posibilidad de hacer de nosotrxs algo distinto de aquello que hicieron de nosotrxs. No hay manual de instrucciones para devenir homosexuales, pero sí una invitación: hagamos de nuestra existencia una obra de arte.


El arte de (des)nombrarnos


El arte de vivir consiste en matar a la psicología, crear consigo mismo y con los demás individualidades, seres, relaciones, cualidades que no tengan nombre

Michel Foucault[2]

Lo que no se nombra no existe: lesbiana, marika, trans, transgénero, transexual, travesti, intersexual, marika trans, lesbiana trans, no binarix, agénero, cuir, género fluido, demigénero, bigénero, cogénero, grisgénero, pangénero, amalgagénero; bisexual, homosexual, asexual, pansexual, arromántico, grisexual, demisexual, sapiosexual. Las etiquetas son necesarias. Gracias a ellas encontramos afinidades con las que tejer redes en un mundo hostil. A su alrededor construimos colectivo y articulamos nuestras luchas y nuestros reclamos. Estas etiquetas pueden ayudarnos a conocer mejor nuestras realidades y las realidades de nuestrxs compañerxs. ¿Una etiqueta nos sirve aquí y ahora? ¡Bienvenida! Todas las identidades son igual de válidas y cada quien es libre de nombrarse como quiere.

Imaginar una militancia sin identidades –y sin géneros– es al menos por ahora una ilusión con aires de utopía; una ilusión que probablemente deba ser circunscripta a nuestros mundos oníricos. Es por ello que convertir en fortaleza nuestra irremediable necesidad de nombrarnos es una estrategia que denota sagacidad: rechazamos la sumisión epistemológica, nos negamos a seguir siendo tratadxs como enfermxs, criminales o pecadorxs. Alzamos con orgullo nuestra propia voz, somos nosotrxs quienes hablamos por nosotrxs mismxs.

Ahora bien, ¡cautela compañerxs! Si vivimos inmersxs en un dispositivo de sexualidad que estipula qué (no) somos desde el comienzo de nuestra existencia, ¿por qué buscamos con tanta insistencia conocer “lo que somos”? ¿Qué sentido tiene revisar minuciosamente el catálogo de categorías identitarias a la espera de encontrar alguna que finalmente defina nuestra experiencia en el mundo? Cuestionar el dispositivo que nos constriñe a nuestra sexualidad como única plataforma identitaria de enunciación es, todavía, una tarea necesaria para nuestro activismo. Para ello es valioso preguntarnos: ¿por qué nuestras identidades están siempre vinculadas a nuestros deseos o nuestra autopercepción? ¿Por qué nuestra sexualidad sigue siendo la marca indeleble que recubre a nuestra identidad toda?

Tengámoslo presente: las etiquetas no son un fiel reflejo de las experiencias identitarias. Nos representan pero no nos definen (o no deberían). No encontraremos en ellas jamás la verdad de lo que somos. Tal vez en algún momento debamos admitir la finitud de nuestras lenguas y la posibilidad de que nuestras existencias no siempre puedan hallar palabras. Quizá sea fructífero aprender a habitar la incertidumbre, y aceptar la imposibilidad de aliviar nuestra compulsión moderna a nombrar nuestras identidades. Desde luego que nunca negaría a nadie el derecho a enunciarse identitariamente como desee. Valoro profundamente cualquier intento de cuestionar a las ciencias o disciplinas que se arrogan el privilegio epistemológico de hablar por nosotrxs y nombrarnos, pero no creo que la identidad sea una sustancia esencial y distintiva que deba forzosamente hallar un nombre. Creo en cambio en una identidad volátil, que pueda servir hoy pero tal vez dejar de servir mañana; en una identidad que no busque enunciar lo que somos, sino en dejar de manifiesto cuáles son nuestros afectos, cuál es nuestra posición en el mundo y qué es aquello que no estamos dispuestxs a tolerar. Creo en la radicalidad del acto de nombrarnos mientras se tenga en claro que aquello que somos siempre puede ser de otra manera.

Tomás Rodriguez Pandolfi

[1] Foucault, M. (1982). Power and the Politics of Identity. Entrevista dirigida por B. Gallagher y A. Wilson en Toronto, junio de 1982, y publicada en The Advocate 400, el 7 de agosto de 1984. [2] Foucault, M. (2001). Dits et écrits II, 1976-1988. Paris: Gallimard

PH: Hernán Franco como la Señora Garbo en "El homosexual y la dificultad de expresarse" de Copi. 


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