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Sexta Joya indiscreta: El dispositivo de sexualidad como túnel. Entrar sirena, salir humana

La fábula de las “Joyas Indiscretas” goza de una actualidad pavorosa. Cuenta sobre el Sultán Magogul, quien poseía un anillo mágico que podía hacer hablar a los sexos de las mujeres, logrando que toda intimidad fuera confesada y estuviera disponible para cualquier oído.

Siglos después de que esta historia fuera publicada, Michel Foucault la utilizó para ilustrar la tesis principal de su Historia de la Sexualidad: en torno al sexo, Occidente no ha buscado tanto reprimirlo, sino incitarlo, decirlo, pasarlo por el discurso para hacerlo confesar la verdad de lo que somos. La genealogía que nos propone Foucault nos invita a dejar de enojarnos contra la “represión” del sexo, para preguntarnos: ¿porqué es que nos vemos impulsados, permanentemente, a confesar la verdad de lo que somos por medio de nuestras prácticas sexuales? ¿Por qué la orientación sexual hace identidad? ¿Qué contingencias y arbitrariedades llevaron a esto? ¿No podría haber sido de otra manera?

De esto se trató el taller “Las Joyas Indiscretas”, llevado adelante junto a las Red de Psicologxs Feministas a lo largo de mayo y junio del año 2020. A la lectura de los cuatro tomos de Historia de la sexualidad, se le sumó un trabajo de redacción, a veces más literario, a veces más teórico, sobre diversas problemáticas, que publicamos aquí en forma de dossier.

En esta oportunidad, Malake Hamze se propone usar la Historia de la sexualidad de Foucault para pensar un clásico de Disney que constituyó el imaginario de las nenas de su generación.

¿Realmente Ariel vende su voz, deja su lugar, olvida a su familia y muta su cuerpo, por un hombre? Si hacemos una lectura de todos los tomos de Historia de la sexualidad al mismo tiempo que vemos la película de Disney, quizás la entendamos desde otra perspectiva. Puedo encontrar representado en este largometraje un rápido resumen de los cuatro libros de Foucault. Empezando desde el uso de los placeres y el conocimiento de sí en el reino de Tritón, las confesiones de la carne en la bruja Úrsula y, por último, el dispositivo de sexualidad encarnado en Ariel como sujeta plena de la modernidad. En este escrito me centraré en Ariel y en cómo opera el dispositivo de sexualidad en ella, en el marco de un sistema capitalista cisheteropatriarcal, dejando los demás tomos y personajes para futuros abordajes.

Historia de la sexualidad no habla de sexo.

En sus libros, Foucault nos hace un recorrido de las diferentes formas en las que opera el poder sobre nosotras[1] a lo largo de los años. Nos adentramos en la genealogía y en la arqueología de la experiencia (el plano a priori, lo que nos es dado, con lo que cargamos). Rastreamos los elementos y las palabras para encontrar las estructuras subyacentes que luego serán interrumpidas por la crítica en el plano a posteriori. En otras palabras, rastrear de dónde venimos para saber qué haremos o qué queremos intentar hacer con ello ahora.

Entendemos como el poder toma un carácter positivo, es decir, estratega. El poder es una relación, no niega, disciplina. No dice que no, produce otro mundo posible que será más útil: “(…) el poder no es una institución, y no es una estructura, no es cierta potencia de la que algunos estarían dotados: es el nombre que se presta a una situación estratégica compleja en una sociedad dada.” (Foucault, 1977: 89). Sabiendo eso, el autor se dedica a rastrear como opera en los distintos momentos históricos.

En el tomo I de Historia de la Sexualidad, se nos presenta el dispositivo de sexualidad, un mecanismo que encontró el poder para hacer que nosotras seamos a través del sexo. Que nuestra sexualidad nos defina, nos haga ocupar el lugar que ocupamos. El sexo será entonces la verdad última de lo que somos. Encontramos placer en decirlo, en hacerlo hablar; “El dispositivo de sexualidad no tiene como razón de ser el hecho de reproducir, sino de proliferar, innovar, anexar, inventar, penetrar los cuerpos de manera cada vez más detallada y controlar a las poblaciones de manera cada vez más global” (Foucault, 1977: 103). A partir del tomo II en adelante, Foucault desarrolla cómo es que llegamos a esto, para ello recorre la antigüedad, pasando por el medioevo y llegando a la modernidad, para encontrar cómo, cuándo y por qué el sexo se autonomizó de los demás placeres (la dietética, la económica, es decir la comida y la administración de los bienes, etc.) para llegar al lugar que ocupa hoy y sobreponerse a ellos.

¿Vives contenta siendo sirena? ¿Eres feliz?

Disney es la industria que más influyó (lo sigue haciendo) en la generación de las niñas de los 90, es por eso que creo necesario ahondar en los conceptos que se transmiten en sus producciones, aquí centrándome en “La Sirenita”, específicamente en el por qué Ariel eligió dejar de ser sirena, en el por qué de su infelicidad y desmantelar que no es por solo Eric que decide cambiar.

Ariel y todo su accionar a lo largo de la película es el detallado perfecto de cómo opera el dispositivo de sexualidad, la importancia de decirnos a través de la genitalidad y el peso que tiene dicho elemento. Tanto es así que ella cambiará todo lo que esté a su alcance para llegar a decirse mujer, blanca, cisheterosexual, y así concebir su lugar en la sociedad, aquel que merece como mujer que deja todo por valerse de su sexualidad identitaria, que le dará acceso a una vida plena, una vida moderna, industrializada, monetizada, patriarcalizada y occidental. Lo único que deberá hacer para lograr esto es poder tener sexo.

He aquí el por qué de que sea tan natural para nosotras que ella deje todo por esa vida. Es por todo lo dicho anteriormente que me permito sospechar de que las acciones de Ariel sean por Eric, ella no dejará todo por el varón al cual “ama” si no por saberse mujer sexuada y así poder lograr sus objetivos. El hecho de tener aleta es la imposibilidad de decirse más que sirena, y acá es donde se demuestra como la sexualidad cobra el poder de definirla(nos).

Ariel era princesa del reino de Tritón, la más capaz de todas sus hermanas, la que mejor voz tenía, las más mimada, y por lo poco que nos cuenta la película de su familia, la más aventurera, valiente e inteligente. ¿Por qué todo esto no le alcanza? ¿Por qué la necesidad de buscar algo más, si el lugar que ocupaba ya podía decir mucho de ella? El poder opera sobre la sirenita de tal manera que para sentirse realizada debe conseguir transmutar su cuerpo, hacer un pasaje físico, atravesar un túnel que le confiera algo que le dé sentido a la vida, que la llene, que sacie esas ganas y euforia, ese vacío. A lo largo de la película Ariel nos deja ver como hace una genealogía de la raza humana: colecciona objetos, trata de descifrar que son y para qué sirven. Busca experimentar el estado humano a través de ellos, pero no lo logra. Observa detenidamente los movimientos, las expresiones e incluso interactúa con los humanos y sus mascotas, pero nada es suficiente para sentirse parte (aun teniendo la mitad del torso completamente igual que los hombres y mujeres humanos de la película). Otro elemento que me interesa recuperar es la voz, que es en primera instancia lo que interpela al principie Eric. Podemos entender la voz en Ariel[2], como una forma de exteriorización de si, donde en el decir, ésta sujeta moderna deja que la ciencia se meta, e implemente su saber en ella. La voz de Ariel actúa como elemento introductorio de sí en el dispositivo moderno de decir lo que somos. No le servirá solo para atraer hombres, sino también para poder enunciarse ser sexual. Es por esto que no alcanza solo con tener piernas y el elemento voz es de vital importancia (así comprendemos por qué se utiliza como uno de los nudos narrativos en el film).

El dispositivo de sexualidad no puede operar en ella si ella no puede decir lo que es, y la voz no puede decir lo que es, si no tiene sexualidad que contar. Aquí recae la necesidad de que los dos elementos se den al mismo tiempo.

No quiero dejar de lado lo importante que es, además de decirse humana, encasillarse en el lugar de mujer que vive a través de su matrimonio y su poder reproductor (que más tarde vemos en Melody en “La Sirenita 2”). Es claro que aquí el poder está generando un nuevo mundo que le plantea a Ariel que no está mal ser sirena, pero que mejor es ser humana, blanca cisheterosexual que pueda casarse y tener hijos para perpetuar el reinado de Eric. Y claro que ella dirá que si a todo. Es que en el momento histórico donde situamos la película, el poder nos brinda como principal estrategia el confinamiento de la mujer en el hogar.

Dice Foucault: “A los discursos sobre el sexo (…) hay que interrogarlos en dos niveles: su productividad táctica (que efectos recíprocos de poder y saber aseguran) y su integración estratégica (cual coyuntura y cual relación de fuerzas vuelven necesaria su utilización en tal o cual episodio de los diversos enfrentamientos que se producen)” (1977: 98). De esta manera vemos que las relaciones estratégicas de poder, le presentan a Ariel este nuevo mundo al que ella va a querer acceder (claro, ¿quién no?[3]). Es así que le muestra un túnel que deberá atravesar. Es así que ella entra sirena y sale humana.

Malake Hamze


Hernán Franco como la Señora Garbo en "El homosexual y la dificultad de expresarse" de Copi. 



Bibliografía:

Foucault, M. (2015). Historia de la sexualidad 3. La inquietud de sí . Buenos Aires: Siglo Veintiuno.

Foucault, M. (2019). Historia de la sexualidad 1. La voluntad del saber. Buenos Aires: Siglo Veintiuno.

Foucault, M. (2019). Historia de la sexualidad 4. Las confesiones de la carne. Buenos Aires: Siglo Veintiuno.

Foucault, M. (2020). Historia de la sexualidad 2. El uso de los placeres. Buenos Aires: Siglo Veintiuno.

Vassallo, B. (2018). Pensamiento monógamo, terror poliamoroso. Madrid: La oveja roja.

[1] Retomo aquí la propuesta de Brigitte Vasallo: “Así, el femenino de este libro es un homenaje a todas las personas que, más allá de género y orientación sexual, merecen ser nombradas en un femenino de rebeldía (…), por el boicot a la normatividad que nos insta a ser hombres-de-verdad y mujeres-de-verdad.” (Vasallo, 2018: 19) [2] En Úrsula lo creo más ligado a una cuestión confesional cristiana, referida a la época eclesiástica que aparece en el tomo cuatro “Las confesiones de la carne” y eso lo dejaré para otro momento. [3] Dice el autor, que no existe proceso emancipatorio que no se sirva de las herramientas que el poder da.

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