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SORORIDAD E INFIDELIDAD: REFLEXIONES DESDE UNA PERSPECTIVA FEMINISTA

Por Tamara Kogan


A partir la Historieta De Mariposa Posa “Yo, Amanda”, surge este texto buscando pensar desde una Psicología Feminista el tema de la sororidad en relación con las infidelidades en los vínculos, encontrándose compiladas opiniones de profesionales de la Red de Psicólogxs Feministas, incluyéndome, y de otras personas cuya participación agradeceré al final de la nota.

Entendemos la Sororidad como “la relación de hermandad y solidaridad entre las mujeres para crear redes de apoyo que empujen cambios sociales, para lograr la igualdad”.

En primer lugar cabe aclarar que el tema de la sororidad en relación a las infidelidades es de gran complejidad, encontrándose en permanente construcción y deconstrucción (así como estamos todes en esta marea hoy en día), y que no es función de les psicólogues juzgar a ninguna persona ni por sus actos, ni por ningún aspecto que haga a su estilo de vida, orientación sexual, identidad de género o motivo alguno. Nuestra función como profesionales de la salud es acompañar en procesos terapéuticos en pos del bienestar de la persona que consulta, contemplando que cada subjetividad es única, por lo cual no podemos establecer generalizaciones.

Es interesante pensar que se trata de un tema que nos interpela a todes como sociedad, que la infidelidad no es para nada algo nuevo pero sí lo es el hecho de estar cuestionandonos todos estos lugares en las relaciones y en las prácticas sexoafectivas desde el feminismo, por lo cual las estructuras conocidas, tradicionales y dominantes bailan entre múltiples signos de preguntas, bienvenidos sean.

Desde la Red de Psicólogxs Feministas se suscitaron diversas miradas, todas ellas válidas para poder seguir pensando estos temas, por lo cual de ningún modo este texto apunta a generar una postura acabada sino que busca tener en cuenta varias aristas del mismo para poder seguir construyendo colectivamente y abriendo nuevos interrogantes.

En primer lugar, cabe destacar siempre la importancia del consentimiento de les participantes y la claridad de los acuerdos en los vínculos, para que las personas en cuestión puedan elegir si desean vincularse o no disponiendo de toda la información necesaria para hacerlo.

Una de las posturas, quizás similar a la planteada por la ilustradora, apunta a que si hay engaño y hay transgresión de los acuerdos establecidos en el vínculo, lo “políticamente sororo” sería no entrar en ese lugar, elegir concientemente (teniendo una información de la cual claramente no siempre se dispone), no vincularse con una persona que no está respetando un pacto, esta actitud frente a la situación sería un accionar político también.

Desde la Red nos parece muy importante hacer hincapié en no perder de vista a la persona que está “engañando”, es decir, rompiendo los pactos en este caso de exclusividad sexual dentro de una relación monógama. Es interesante que cada quien pueda preguntarse a la hora de establecer pactos con su pareja si está dispueste a cumplirlos, ya que de lo contrario nos encontramos con la vieja y conocida cara de la monogamia tramposa que incluye la mentira, el engaño y el daño a las personas implicadas. Esto es fundamental para que los vínculos sean sanos, no solo las relaciones de pareja monógamas, sino en cualquier tipo de vínculo: consentimiento, honestidad, respeto, comunicación.

Por otro lado, pero no menos importante, es fundamental que no caigamos en posturas moralistas que señalan y juzgan a la mujer en cuestión como una “destroza familias”, “que se mete con un tipo casado”, siendo la responsabilidad afectiva de los miembros de la pareja, encontrándose aquí el foco de la responsabilidad. Este corrimiento del foco, que apunta con su dedo señalador a la mujer, tiene todas las nefastas consecuencias patriarcales de tildar de “puta”, “zorra” a la mujer en lugar de “amante”.

También se puede pensar como machista el pensamiento de que la “amante” hace lo que hace pensando en dañar a la otra mujer, ya que aquí se resalta una falsa rivalidad entre mujeres, la competitividad permanentemente incitada por el sistema patriarcal, que borra por completo de la escena a la responsabilidad afectiva del varón, que es quien rompe el pacto, y haciendo ver toda la cuestión como un problema entre mujeres compitiendo por ser objeto de deseo de un varón.

Es importante no caer en una postura moralizante, con cuestiones ligadas a la culpa que recaen nuevamente sobre la mujer, quedando en este caso el varón en un lugar de total impunidad (cabe aclarar que tomo este ejemplo heterocisnormativo1 haciendo referencia a la ilustración en cuestión). Interesa resaltar cómo las mujeres, en el intento de romper con la culpa judeocristiana internalizada, adhieren a principios feministas, y en este tipo de situaciones quedan totalmente señaladas, juzgadas y culpabilizadas por no ser sororas, y la responsabilidad de los varones nuevamente queda invisibilizada ante la sociedad, reforzándose así la opresión de las mujeres, cuando el feminismo es un movimiento que lucha contra todo tipo de opresión.

Entonces, por un lado está la posibilidad de plantearnos desde la sororidad el lugar de empatía con la mujer-novia y poder evaluar la situación teniendo la información disponible para saber si se trata de un engaño o no, y considerar que quizás estamos facilitando que el varón satisfaga un placer que no le permite o le prohíbe a su pareja, colaborando así con el estereotipo social de que el varón es un ganador en este tipo de situaciones, y las mujeres en cuestión quedan colocadas en este lugar de “mala persona”, o de “víctima engañada”. Es interesante esta postura de poder decir “no, no somos cosas que podés usar”, como un mensaje directo al patriarcado, y poder aportar a una red de sororidad compuesta por decisiones y actos que involucran a otres, y que nos beneficia y une entre mujeres.

Pero por otro lado, no tenemos por qué pensar en los varones como seres acéfalos, sin responsabilidad, como si fuésemos las mujeres una especie de “red de madres” que los educan para que “no metan la pata” o cuiden sus vínculos, ya que si partimos de la equidad entre los géneros, todes somos adultes responsables.

No tenemos por qué las mujeres ponernos constantemente en un lugar de operadoras de la ley, en un lugar moralista, ya que la gran mayoría de las personas, sin importar el género no está exenta de haber mirado para otro lado en este tipo de situaciones, sin plantearse un posible lugar de complicidad la reproducción de estas estructuras, siendo esta una pregunta en debate social actual y en constante construcción y deconstrucción.

Es importante reclacar que todas las personas tenemos un juicio propio para razonar, y que caer las mujeres en el lugar de la culpa, exigiéndonos pureza e inmacularidad de acción constante, nos vulnerabiliza nuevamente y nos deja en un lugar de padecimiento de las consecuencias patriarcales de nuestra sociedad, invisibilizando la responsabilidad de los varones que realizaron los acuerdos relacionales en cuestión con sus parejas.

Por último, cabe siempre la pregunta acerca de qué implica la fidelidad para cada pareja, sin olvidar que el concepto de propiedad privada se encuentra íntimamente ligado a modos monógamos de relacionarse, con las contracaras de infidelidad como típica y tradicional transgresión a los mismos. Es interesante poder considerar que este no es el único modo posible de vincularse y poder preguntarnos realmente cómo queremos relacionarnos con nosotres y les demás, evaluando alternativas posibles, estableciendo comunicaciones sinceras, claras con nuestros vínculos, respetando los acuerdos, y animándonos a crear vínculos sanos que nos potencien en un marco de amor y respeto. Dentro del gran y diverso abanico de modos posibles de relacionarse, sean estos monógamos o no (no hay un modo mejor que otro), es importante construir las propias reglas, códigos y matices que generen una mejor calidad de vida e interacciones saludables entre las personas implicadas.

Finalmente, quiero destacar la importancia de la construcción colectiva en cuanto a estos temas que nos interpelan actualmente como sociedad, y agradecer la participación de les colegas de la Red de Psicólogxs Feministas, amigas feministas, y especialmente a las personas que se encuentran realizando procesos terapéuticos, quienes hicieron grandes aportes para poder pensar la temática, y gracias a quienes voy aprendiendo, deconstruyendo y construyendo, armando y desarmando en la práctica clínica cotidiana, resaltando que el verdadero aprendizaje sobre todas estas temáticas se da en la interacción entre las personas.


  1. Heterocisnormatividad: Asunción de que lo único válido, esperable y normal es ser heterosexual y cis (autopercibirse del género asignado al nacer), siendo socialmente castigado todo aquello que se encuentra por fuera de la norma. Lic. Belén Toriacio, Red de Psicólogxs Feministas

Mariposa Posa Instagram @cosasdemariposaposa

Historieta: “Yo, Amanda”, número 79

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